🌊 #21: Aprender a esperar
La impaciencia de la incertidumbre
Lo que las olas trajeron esta semana…
“Es mi firme convicción, ahora más que nunca, que el grado en que somos capaces y estamos dispuestos a luchar por adueñarnos de nuestra atención es el grado en que somos libres.”
James Williams
Me cuesta esperar. Saber que no puedo hacer nada más que lo que ya estoy haciendo y, aún así, sentirme a la deriva de variables inciertas. Fuera de mi control… imposibles de atar a un plan que me de seguridad.
La impaciencia se torna preocupación… ¿Saldrá bien? ¿Podré con todo? ¿Y si… y si…?
Antes que el ruido mental se haga demasiado agobiante, invoco el silencio. Me encierro en la oficina, me siento parsimoniosamente, manoteo el aceite esencial que siempre señala “serenidad”. Respiro hondo, intento conectar con mi cuerpo… sentir cada músculo, el peso de mis células sobre la silla, de mis pies sobre la tierra. Como raíces volátiles, me recuerdan anclarme, y que inhale… exhale… aquí y ahora.
Noto la tentación a evadirme. A mantenerme ocupada, poner la cabeza en otros asuntos y multi-proyectos (especialmente esos en los que creo que si tengo algo más de “motus propio”). Así el tiempo pasaría más rápido, y los pensamientos se direccionarían a cosas más productivas. Así sería más soportable.
“Mentira, ya sabés que es una trampa” me sacude la consciencia, esa voz de Pepe Grillo que a veces no sé muy bien de donde sale, pero siempre agradezco por su honestidad.
Elijo ver este momento como una invitación, aunque no tengo muy claro a qué… supongo que a aprender a estar. A sentir sin evadirme, a transitar la incomodidad, a navegar la incertidumbre. A quedarme en el silencio, centrarme en el cuerpo presente… aprender a esperar, sin desesperarme.
Una confesión: en este momento, estoy atravesando muchos cambios en lo personal. Cambios buenos, que me tienen contenta, pero al mismo tiempo exigida a nivel atencional. Estuve dándome permiso a conectar con todo lo que la vida me está trayendo, mucho de lo cual todavía tiene forma de preguntas. Como cuento en la primera parte, a veces me cuesta aceptarlo así sin más… preferiría tener todas las respuestas y saber cómo voy a continuar, planificar qué va a suceder, y poder comunicar con más certeza. Sin embargo, si hay algo que sí aprendí en estos últimos años, es la importancia de no forzar. Así que, decidí bajarle el volumen a la vocecita de la exigencia, y simplemente experimentar… ver qué sale, mientras me enfoco en el corazón, que para mí es lo esencial.
Eso significa que anduve (y probablemente seguiré) un poco desconectada de estos lares. Me siento en falta con la comunidad porque no llego a responder todos sus mensajes a tiempo, o pasar con más asiduidad a leer sus textos. Quería que supieran por qué, y ofrecer una quasi explicación… una excusa si se quiere.
Seguiré (intentaré) escribiendo, porque me hace bien, pero decidí priorizar el “no saber” y aprender a sentarme con la incomodidad de la espera, fluyendo como pueda.
Unas preguntas: Creo que mi respuesta más frecuente estas semanas fue “no sé”… y como te contaba arriba, estoy intentando abrazarla y amigarme con la idea de seguir no sabiendo un tiempo más. Así que, a modo de juego, decidí convertir esas palabritas en unas preguntas:
¿Qué puedo permitirme “no saber” hoy? ¿Cómo puedo “aprender mejor a no saber, sin desesperar”?
Te las comparto por si tenés ganas de hacer tu propia versión de pregunta-juego con la incertidumbre. Al final, hay que ponerle un poco de humor :)
Un “disclaimer”: estoy cada vez más cansada (y preocupada, a decir verdad) del tema de la IA en todo lo que nos rodea. Mientras la Tierra se quema, y algunos artistas se esmeran por mantener su producción genuina, los números se desbocan. En vistas de que ahora Substack decidió lanzar una herramienta de IA para detectar IA en los textos, por las dudas (y para ahorrar agua y esfuerzos), aclaro: todo lo que publico es de producción 100% propia, y si no es mía, cito la fuente. Las fotos las saco yo, las palabras son mías, y muchas veces escribo primero a mano en mi cuaderno. No me interesa usar IA para escribir, ni para corregir mis textos, porque este es un espacio que yo considero de juego, de libre expresión, no un deber más con pautas preestablecidas. Tampoco estoy de acuerdo con que se use mi material para entrenar IA ni alimentar una rueda capitalista que regurgita datos sin alma. De hecho, me debato mucho sobre si seguir publicando y dejando “accesibles” mis obras, a merced de una máquina que tiene muy poco interés por derechos de autor, entre otras cosas. Me resulta distópico incluso estar tipeando esto… sentir que tengo que aclararlo, por lo difícil que está resultando diferenciar lo robótico de lo humano. En fin, veremos en qué decanta…
Gracias, como siempre, por seguir aquí. Especialmente por su paciencia y sus comentarios. Aunque tardo en responderlos, significan mucho para mí y leo cada uno.
Y bienvenidas a las personas nuevas en este espacio! Espero que les resulte un refugio agradable y nutritivo ♡
Un abrazo,
Paz




Estoy tan cansada como tú, Paz 💔 y sí! es muy distópico. Parece ficción tener que aclararlo
Este espacio se postula como un remanso dentro de la cada vez más insoportable vorágine virtual que atosiga lo que como humanos somos capaces de transitar. Así que, no dejes de guardar calma y silencio para escucharte o silenciarte. Todo va a estar bien, sea lo que sea. Tus palabras son parte del reflejo por el que todos en buena medida transitamos así que no sientas presión, solo ten la certeza de que cuando así lo quieras, estaremos felices de leerte.